¡¡Papá, papá, mira que cachorro tan mono!!.
Todo había empezado muy bien en la vida de
Jacko, había nacido en un
criadero, hijo de padres con
pedigrí tuvo siempre todas las comodidades que se podían tener.
Con un mes le llevaron a una tienda, desde ese día era el
juguete de cuantos niños entraban en ella.
¡ Jo, mamá.
cómpramelo, yo quiero ese cachorro, mira que
carita tiene!
¡Abuela, anda,
dile a mamá que me lo compre, te prometo que lo voy a sacar todos los días, ya veras!
A los pocos días,
Jacko ya tenía dueños, un matrimonio mayor que al final había accedido a los deseos del niño, en la tienda, el dependiente había actuado de forma muy profesional, les había indicado que el perro tenía que salir dos o tres veces al día a pasear, que era un perro que iba a crecer (al fin y al cabo un
setter es un
setter), que un perro no es un
juguete, que tiene sus necesidades, la necesidad de vacunarle todos los años y llevarle al menos dos veces al año al veterinario, etc, y
después de rellenar todos los datos,
Jacko ya
tenía nuevos dueños.
Los primeros meses todo fue de maravilla,
Jacko era la novedad, pero poco a poco se
fue dando cuenta que con el paso del tiempo no le hacían el mismo caso, los paseos cada vez eran mas cortos, el niño ya casi no jugaba con él y la madre no paraba de protestar, - Este perro, es que lo llena todo de pelos, estoy todo el día barriendo pelos suyos, mira como ha puesto el
parquet de arañazos y además está siempre en medio, es que no me puedo ni moverme sin encontrármelo por todos lados.
Nadie parecía darse cuenta de que el estaba en medio porque buscaba que le hiciesen algo de caso, una caricia, una palabra amable, no bastaba con ponerle agua y comida, el también tenía sentimientos,
nece sitaba sentirse querido.
Luego llegó el segundo veraneo y con el los problemas.
- ¿Que hacemos con el perro?, es que a donde vamos no le podemos llevar.
- Habrá que llevarle a una residencia.
- Si hombre con lo caras que son, pues si que nos va salir caro el
chucho, si además el niño ya no le hace caso, le dejamos en cualquier sitio y ya está, seguro que
alguien se hace cargo de él.
Y así paso, cuando
Jacko se quiso dar cuenta le habían abandonado, se habían ido sin él, se puso a dar vueltas donde le habían dejado esperando a que viniesen a recogerle, en su cerebro de perro no cabía la posibilidad de que se fuesen sin él, pero poco a poco, el paso de los días no le dejó otra opción de
intentar buscar
algúna cosa que comer, pero ¿donde?, si él siempre había tenido la comida en su cacharro, ¿donde encontraba él algo que comer?.
La suerte hizo que le encontrase una persona que le cuido, pero habían pasado cuatro meses desde que le habían abandonado y del hermoso
setter que era ya solo quedaban unos huesos, piel y
muchas heridas que habían dejado marcas en su cuerpo.
Ahora no tenía una casa hermosa como antes, dormía junto a su nuevo dueño y cuatro compañeros mas en una cabaña junto a un
río, pero durante el resto de su vida lo que ya no le faltó fue lo que mas necesitaba, unas caricias, unas palabras amables y el calor de una persona amiga a su lado.