lunes, 6 de abril de 2009

El puente (8ª parte)

- ¡Apágalo! – Me gritó Helena - ¡Lo ves!, ya está aquí, lo sabe todo, lo conoce todo, ya lo sabía yo, no tenía que haber venido.
- Tranquila, ya está apagado.- dije apagando el ordenador-, ahora mismo llamamos a Carlos para que nos explique que está pasando, pero sobre todo tranquilízate, todo esto tiene que tener una explicación normal, seguro que se trata de algún niñato, genio precoz de la informática que ha descubierto algún fallo en el programa de Carlos y se divierte haciéndonos la puñeta.
Helena pareció tranquilizarse con lo que la dije y con el desayuno (el chocolate con churros siempre había hecho milagros con ella), cuando terminamos de desayunar llamé a Carlos y, sin contarle de que iba, quede con él dentro de una hora en mi casa.
Helena me insistió en llamar a Ana, estaba segura de que ella no tenía nada que ver con toda esta historia, pero parecía necesitar de su apoyo, a mí Ana nunca me había caído especialmente bien, pero para dejarla tranquila decidí llamarla y quede con ella a la misma hora que con Carlos.
Llegaron los dos con cinco minutos de diferencia, de hecho parecía que e hubiesen puesto de acuerdo, ¿Y si Helena tuviese razón pero solo en parte y estuviesen los dos conchabados en un extraño acuerdo para volvernos locos a Helena y a mí?. Pero no, eso no podía ser, Ana es posible, pero Carlos era mi colega de toda la vida, nunca podría hacer algo que fuese en contra mía ni de Helena, me estaba volviendo paranoico.
Cuando llegó Carlos y le empezamos a contar que me estaba pasando lo mismo que a Helena, pareció que se le iluminaba la cara, ¿a qué al final Helena iba a tener razón?.
- Me dejas encender tu ordenador- dijo Carlos –, tranquila Helena, ya sabes que sea quién sea, nunca dice nada cuando está alguien delante.
- Claro. – repuse inmediatamente, -¿Qué pasa?, ¿Qué ya has dado con la solución?.
- Ojalá, no va a ser fácil, llevo cinco meses trabajando en el problema de Helena todo el tiempo que me deja libre mi trabajo y no sé si estoy mas cerca de la solución que cuando empecé, pero hay algo que me deja completamente despistado, no sé si te ha contado Helena que una vez ella ha terminado de hablar con su “acosador” en su ordenador desaparece todo rastro de la comunicación, de hecho yo solo sé que eso ha pasado porque la creo a ella, no hay ninguna manera de demostrar que nada de lo que dice es cierto.
- Y, ¿no puede ser que alguien haya descubierto un agujero en tu programa que le permita entrar en nuestros ordenadores?.
- Podría ser, pero no sé si sabes que vuestro programa es único, ni siquiera yo tengo un programa tan sofisticado, lo hice a medida para vosotros, vosotros queríais un programa que os permitiera poder acceder a todas las herramientas de los ordenadores de vuestras oficinas y os diera un nivel de seguridad que garantizase que nadie, y repito, nadie fuese capaz de acceder al ordenador sin un permiso específico, os lo conté en su momento, es un programa basado en un proyecto de inteligencia artificial, el programa detecta cualquier intento de acceso no permitido y va configurando los sistemas de protección en función de la capacidad del que intenta acceder, dicho de forma sencilla, el ordenador aprende del pirata, según el pirata intenta métodos más sofisticados para romper las defensas del ordenador, el ordenador crea defensas mas complejas para evitar los accesos, virtualmente el sistema es inaccesible.
- Pero todo programa tiene una “puerta atrás”. – Yo había visto muchas películas de hackers y espías últimamente.
- Casi todos, una puerta atrás es un camino que se deja el programador para poder acceder sin tener que pasar todos los controles, pero a mí, y no te olvides que yo soy el programador en este caso, no me iba a hacer falta, el programa me conoce, yo puedo acceder sin ningún problema, de hecho vosotros me lo pedisteis para que si os pasaba algo a los dos, os recuerdo que cuando instale el programa vivíais juntos, alguien pudiese recuperar toda la información del sistema.
Helena tenía razón, Carlos era la única persona que podía haberlo hecho, lo reconocía hasta él, pero no podía ser, algo dentro de mi se negaba a admitir la posibilidad de que mi amigo, mi colega, mi compañero de todas las aventuras estuviese implicado en esto.
- Bueno, pues entonces explícate, ¿Porqué has dicho que podría ser?.
- Cuando Helena me contó lo que la pasaba probé muchas cosas, instalé en su ordenador varias herramientas para intentar cazar al “hacker”, ninguna dio resultado, pero entre todas las cosas que instalé hay una que empezó a mostrar algo.
- No te hagas el interesante, cuéntanos de una vez de que se trata. - Ana contestó con esa diplomacia que la caracterizaba.
- Tranquila - dijo Carlos -, tal vez no signifique nada, pero coincidiendo en el tiempo con los intervalos en los que Helena recibe comunicados de “su acosador”, el ordenador aparece como si estuviese apagado.
- ¿Cómo que apagado?, ¿Qué quiere decir eso?, - interrumpió Helena-, el ordenador no estaba apagado, te lo puedo jurar.
- Tranquila, Helena, os lo explico, en todo ordenador que este encendido hay una parte del procesador que esta activa aunque sea la que controla el reloj, pero en el ordenador de Helena hay instantes en los que, aunque sabemos que estaba encendido, no hay ninguna actividad, el ordenador aparece como muerto, no hay ninguna actividad.
- Y, ¿eso que quiere decir?. – intervine yo.
- Significa que aquel que está enviándote mensajes controla todo el ordenador, es capaz de hacer desaparecer todo rastro de actividad del mismo, no me preguntas como lo hace porque yo no se como se puede hacer eso.
En ese momento Ana se levantó de la mesa en la que estábamos y se puso a dar vueltas en la habitación, Helena tenía una confianza casi ciega en las capacidades de Ana, habían sido compañeras en la facultad de Bellas Artes y siempre decía que no conocía a nadie con su capacidad para las situaciones complejas, nunca se había preparado un examen, nunca había estudiado una lección pero siempre sacaba las mejores notas, decía que parecía tener una capacidad innata para resolver un problema complicado simplemente con enfocarlo debidamente, cuando la gente la preguntaba como había solucionado cualquier cosa siempre contestaba lo mismo “era obvio”, pero es que para ninguno de los demás la solución era obvia y de hecho muchas veces teníamos que dedicar horas hasta llegar a la solución a la que ella había llegado en cuestión de minutos, eso hacía que, para casi todo el mundo, fuese odiable, pero para Helena se había convertido en la pieza exacta que hacía que el conjunto funcionase. Todos nos quedamos callados esperando lo que Ana estaba pensando.
De pronto se paró y nos miro a los tres:
- Claro, -gritó-, ya está.
(Continuara ...)
(Siento no poder cumplir lo prometido pero esta parte era demasiado larga, en próximos días aparecerá el final)

viernes, 3 de abril de 2009

Sin ti.

Vivir en un cielo perdido
de nubes rojas de ira,
escuchar tiernas mentiras
de labios, tanto tiempo dormidos.

Descubrirte entre hojas secas
cuando buscaba el destino
y no sentir sino rabia
al ver en la tierra rastro
de no haberte socorrido.

Esperar dormirme pronto
en un sueño
infinito y tranquilo,
que haga, que al despertar sienta
la paz del recien nacido.

Buscar la luz en la noche,
como busca el puerto el marino
en la feroz marejada
que deja desierto, el camino.

Y llegar a tí en la niebla
y ver tu reflejo lejano
y no soñar si no es contigo
y morir con tu recuerdo
junto a mi corazon herido.

El puente (7ª parte)

- ¿Dices que apareció en el ordenador de tu casa?- , me contestó casi ocultando la cara
- Si, y eso es lo que más me extrañó, se supone que Carlos había convertido mi ordenador en una especie de fuerte inexpugnable, que su programa de defensa ante accesos no permitidos mediante inteligencia artificial era infranqueable, así que no puedo entender como lo hizo, pero ya sabes, la informática nunca ha sido mi fuerte, de todas formas lo comentaré con Carlos para que mejore el sistema, no quiero que nadie pueda hacerme perder el trabajo.
- Si, coméntaselo y si te da una solución me lo dices, aunque no creo que a ti te resuelva nada.
- Espera, ¿qué es eso de a ti?, ¿Conoces a alguien más a quien le haya pasado algo parecido?.
- A mí sin ir mas lejos, y cada vez es peor.
- Explícate, ¿Qué es eso de que cada vez es peor?, ¿Que es lo que es peor? .
- Empezó hace cosa de siete u ocho meses, sabes que hace dos años nos llevamos un par de premios importantes por varias campañas publicitarias, bueno, pues de pronto, un día me salió un mensaje mas o menos como el tuyo, alguien me reprochaba que mis campañas ya no tenían la frescura de las anteriores, al principio pensé que sería Ana, pero cuando se lo comente me dijo que no sabía nada, no me había mandado ningún mensaje, entonces intenté no hacerle caso pensando que el que fuera se cansaría pronto pero no era así, fuese quien fuese estaba claro que no pensaba dejarlo tan pronto. Yo tardé un poco mas que tú, pero al cabo de casi un mes de soportar su acoso terminé cediendo y decidí rehacer una campaña en la que estaba trabajando, efectivamente se me ocurrió una nueva idea para la campaña, fue todo un éxito, seguro que te he comentado algo sobre ella alguna de las veces que nos hemos visto, fue una campaña para una marca de joyería que se llevó incluso un premio del gremio de joyeros, - recordaba la campaña, Helena nos habló sobre ella cuando les dieron el premio-. Después de esto pensé que él se daría por satisfecho pero no fue así, siguió acosándome, y cada vez más, parece que esté en todos lados, en cuanto enciendo el ordenador sea el de casa o el de la oficina ya está allí, conoce todos mis movimientos y parece controlarlo todo, empezó con comentarios sobre el trabajo, siguió con las películas o que había ido a ver y las cosas que hacía, si iba a tal exposición o a tal otra, sobre los sitios donde iba a comer y ya últimamente se mete hasta con la ropa que me pongo, no se que voy a hacer.
El comentario de Helena me había dejado totalmente desconcertado, y yo que estaba tan contento pensando en el nuevo diseño del puente que, gracias a mi misterioso colaborador, había hecho, no podía ser que a mí me fuese a pasar lo mismo.
- ¿Has comentado algo con Carlos?. – la pregunté.
- Claro, fue lo primero que hice cuando supe que no era solo en la oficina, al fin y al cabo en mi ordenador también instaló el mismo sistema que hay en el tuyo y se supone que es inexpugnable, pero es que por mas que lo chequea no parece encontrar con la solución, según dice en el sistema no hay ninguna huella de algún acceso externo, no consigue explicarlo, me estoy volviendo paranoica, he llegado a creer que el acosador era él y todavía lo creería si no fuese por lo que me pasó hace dos semanas.
- Explícate.
- Hace dos semanas me fui de viaje a ver a un cliente, cuando llegue al hotel me di cuenta que se me había olvidado una documentación y me fui a conectar con el ordenador de la empresa para descargármelo desde uno de los ordenadores del hotel, bueno pues no había hecho sino encender el ordenador que me dejaron en el hotel cuando allí estaba él, en cuanto encendí la pantalla y se arranco el ordenador me apareció un mensaje de mi acosador enviándome la documentación que me hacía falta.
- Espera, ese mensaje no tenía porque ser del acosador, a lo mejor alguien en la empresa, Ana por ejemplo, se dio cuenta que se te había olvidado la documentación y te la había enviado.
- Eso que dices podría ser posible si no fuese por varias cosas, primero, yo todavía no me había conectado, es decir, en teoría nadie fuera de la recepción del hotel sabía que yo estaba sentada delante de ese ordenador, segundo, a última hora había tenido que cambiar el hotel y nadie en la empresa sabía que me alojaba en ese hotel y tercero, conozco demasiado bien a ese cabrón, era él, te juro que era él.
- ¿Has dicho algo en la policía?, eso tiene que ser delito, seguro que te pueden ayudar a localizar a ese tipo.
- Se lo dije, pero el tipo es demasiado listo, una vez has hablado con él no queda ningún rastro en el ordenador, ni siquiera de los mensajes, es como si no hubiese pasado nada y los mensajes solo aparecen cuando estoy sola en mi despacho o en casa, así que no tengo ninguna prueba para demostrar ni siquiera que exista.
Hablando nos habían dado las 2 de la madrugada y decidimos dejarlo para otro día, Helena no parecía muy convencida de ir a su casa y como estábamos cerca de la mía decidió venir a dormir a casa, así podíamos seguir charlando, pero tuve que prometerla que no encendería el ordenador.
Cuando llegamos a casa caímos rendidos en la cama, por lo menos mi día había sido agotador y dormí de un tirón hasta que sonó el despertador a las ocho, aproveché que Helena estaba durmiendo para ir a correr un poco en un parque cercano después de dejarla una nota diciéndola que me esperara, lo bueno de vivir en el extrarradio de la ciudad es que hay un montón de parques cerca donde pasear sin tener que esquivar coches, a la vuelta a casa paré en una churrería para comprar unos churros, a Helena eso era algo que siempre la había alegrado la mañana, un buen chocolate con churros para desayunar, y después de lo que me había contado anoche, me apetecía darle una alegría por la mañana.
Cuando llegué a casa Helena se acabada de despertar y estaba leyendo mi nota, como había supuesto los churros hicieron que se le alegrase la cara, mientras me daba una ducha ella fue preparando el chocolate.
Después de desayunar encendí el ordenador para ver si había terminado el cálculo antes de irnos a dar un paseo y allí estaba él
- YA ERA HORA DE QUE VOLVIESEIS A JUNTAROS, ¿NO OS PARECE?.- el mensaje parecía gritar desde la pantalla.

miércoles, 1 de abril de 2009

El puente (6ª parte)

Quizás es que no estaba muy convencido de las bondades de volver a diseñar el puente pero, por más que miraba los libros no veía otra solución distinta. Ya estaba casi a punto de arrojar la toalla cuando, viendo unas fotos de un museo de la ciudad, se me ocurrió, en el museo tenían una esfera armilar en la que se supone que había trabajado Kepler y eso me dio la idea, el tablero del puente podía estar sujeto en tres semicircunferencias que se juntasen en el centro. El diseño tendía que recordar a esa esfera armilar como si estuviese cortada por la mitad.

Corrí a la mesa de dibujo para hacer un boceto del diseño y luego me senté delante de la pantalla del ordenador dispuesto a dejar asombrado al inquisidor.
De pronto sonó el teléfono, era Ana, estaba enfadada porque eran casi las seis de la tarde y no la había llamado, la contesté de mala manera quedando en llamarla más tarde, tenía que dibujar el proyecto del puente y ponerlo a calcular en el ordenador para comprobar que mi idea era buena.
Terminé de dibujarlo casi a las nueve de la noche y puse en marcha el programa de calcular la estructura, una de las ventajas de ser el jefe es que desde casa tenía acceso a todos los recursos del ordenador de la empresa, casi no podía esperar hasta la mañana siguiente cuando tendría los resultados.
Aproveché entonces para llamar a Helena para intentar quedar para tomar algo e ir al cine mañana, entonces comprendí que Ana tenía razón, me costó casi media hora convencerla para salir a cenar algo (tuve que amenazarla diciéndola que yo llevaba desde que me había levantado sin comer nada -lo que por otro lado era cierto- y que si no salía conmigo me parecía que tampoco iba a cenar) y a lo de ir al cine no le dio ninguna importancia, parecía increíble que fuera la misma Helena que yo conocía desde hace 35 años.
Después de hablar con Helena llame a Ana para tranquilizarla diciéndola que había quedado con Helena y que ya la contaría mañana como nos había ido, me di una ducha rápida, me vestí y salí a buscarla, la verdad, tenía ganas de contarla la historia del inquisidor, todavía me parecía increíble lo que me estaba pasando.
Después de recogerla decidimos que en lugar de ir a cenar a algún restaurante nos apetecía más dar una vuelta por su barrio y picar algo en algunos de los bares de la zona, ella decía no tener muchas ganas de meterse en ningún sitio cerrado durante mucho tiempo.
Durante todo el tiempo Helena estuvo de lo más normal, solo cuando le nombraba algo relacionado con los ordenadores parecía cambiar de cara, al final no pude evitarlo y le conté todo lo relacionado con mi proyecto del puente, a la Helena que yo conocía siempre le había interesado todo lo relacionado con mi trabajo, decía que mi trabajo tenía mucho que ver con sus estudios de Bellas Artes, sin embargo en cuanto me oyó hablar del inquisidor le cambió la cara. No pude evitar preguntarla que la pasaba.
(Continuará ...)

martes, 24 de marzo de 2009

El puente (5ª parte)

Los comentarios de Ana se mezclaron con los miedos que había conseguido meterme “mi hacker” para hacerme pasar una mala noche, apenas conseguí dormir tres horas seguidas y no eran ni las once de la mañana cuando ya estaba sentado delante del ordenador dispuesto a terminar con el diseño del puente.
De cualquier manera no conseguía quitarme de la cabeza lo que me contó Ana, ¿sería posible que Helena hubiese cambiado tanto?, tenía que llamarla a mediodía para intentar verla esta noche, la única solución era confirmar por mi mismo lo que me había dicho, ¿sería posible que estuviésemos cambiando tanto?.
Al encender el ordenador saltaron a la pantalla varias docenas de mensajes, casi todo eran distintos Spam y anuncios, a pesar de que se suponía que Carlos me había instalado un programa que evitaba todo ese tipo de “anuncios basura” siempre había alguien que conseguía colártelo y siempre que encendía el ordenador pasaba un buen rato eliminando toda la basura.
Al final logré quitar toda la basura y me puse a revisar el correo, varios eran de la oficina, preguntando que tal estaba, que si conseguiría terminar el diseño este fin de semana, etc., había uno de Carlos interesandose por lo que me hubiera contado Ana y alguno de mi hermano preguntando que tal me iba, no parecía que “mi amigo” hubiese mandado nada, bueno a lo mejor solo era algún compañero con ganas de picarme un poco que se cansó cuando vio que me iba para casa.
Retome el diseño del puente dispuesto a terminarlo cuando de pronto se abrió una ventana en mi pantalla
- ¿Qué, al final has decidido terminar el puente de una vez?.- El mensaje apareció en grandes caracteres en mi pantalla.
No me lo podía creer, el que fuera había conseguido colarse en mi ordenador y eso era se supone totalmente imposible, Carlos lo había llenado con todo tipo de cortafuegos (algunos de diseño propio)
- No dices nada.- el que fuera me estaba retando a que le contestara.
- Déjame en paz, no lo entiendes, tengo que terminar este trabajo este fin de semana, mucha gente depende de mi trabajo, déjame terminar de una puñetera vez. – Conteste escribiendo en la ventana que se había abierto.
- Te propongo un trato.
Fuese quién fuese el que me estaba haciendo la puñeta, parecía conocerme muy bien, sabía que nunca me retiro ante una buena apuesta o un nuevo reto.
- ¿Cuál?.
- Voy a guardar en una zona no accesible del ordenador central el trabajo que llevas hecho y tu empiezas de nuevo con otro diseño para el puente, si al final de la tarde no has conseguido hacer nada mejor te devuelvo el archivo y lo terminas sin que te vuelva a molestar, ni mientras trabajas en la nueva versión ni después.
- ¿Y si no acepto?.
- Estaré aquí todo el tiempo, dispuesto a mantenerte distraído.
- ¿Cómo sabes que no intentaré engañarte?.
- Te aseguro que sé perfectamente todo lo que haces en el ordenador.
- Podría trabajar en un ordenador que no este conectado.
- Podrías, pero no serviría de nada.
- Y si hago lo que dices, ¿luego me dejaras en paz y podré terminar el trabajo?.
- Es una promesa.
- De acuerdo, pero ten cuidado al mover la información, son muchos meses de trabajo.
Inmediatamente desapareció la pantalla donde tenía el diseño de mi ordenador, así como la ventana en la que estaba hablando, en ese momento me sentí como si me hubiesen desnudado delante de miles de personas, todo mi trabajo se había perdido (o casi) y tenía que empezar de nuevo.
El proyecto no era difícil, en una ciudad europea estaban proyectando su quinto cinturón, el problema consistía en un puente que tenia que cruzar a la vez una de las principales autopistas de acceso a la ciudad, un gran río que iba paralelo a esta y las vías de tren de alta velocidad y metropolitano que entraban en la ciudad, en resumen, nada irresoluble si no fuese porque a los políticos de turno se les había ocurrido hacer de este puente la nueva puerta de acceso a la ciudad y pretendían que se resolviese todo evitando los pilares, con una estructura que pareciese volar de un lado al otro.
Y ahí entraba yo, mis estructuras se habían caracterizado, a juicio de mis valedores ( y también de mis críticos), por su liviandad, pero esta vez parecía que la dificultad me había superado, la estructura era demasiado larga.
Antes de volver a empezar decidí volver a mis inicios, cogí mi cuaderno de dibujo y mis lápices y me puse en mi mesa a trazar bocetos, ya que había dicho que empezaría de cero de nuevo, lo mejor era desechar todo el trabajo anterior e intentar enfocar el trabajo como algo totalmente nuevo.
Cuando estaba buscando el cuaderno me cruce en la biblioteca con un libro de fotografías y una guía de viaje de la ciudad en la que estaba el puente, los había comprado cuando me encargaron el proyecto pensando en echarles un vistazo, pero al final no le había hecho caso, pensé que era una buena ocasión para investigar, quien sabe, quizás por ahí me viniese la inspiración.
(Continuará...)

lunes, 23 de marzo de 2009

Recuerdos.

Como una ola que va y viene,
como despertar tras una noche
de lágrimas y rencores,
como sentir que el pasado
se fue con sus dolores
de la vida y sus vaivenes.

De la noche viene el día,
de la pena, la alegría,
el reencuentro, de la lejanía,
y saber que me has dejado
solo en el mediodía,
hace que mientras te sueñe,
mantenga la esperanza viva.

Nunca la noche es eterna,
ni la alegría dura
lo que vale una vida,
más el instante guardado
de la infinita dicha,
nos hace ver como absurda
la pertinaz pesadilla.

martes, 17 de marzo de 2009

El puente (4ª parte)

Estaba a punto de despedirme cuando se me acercó Ana
- ¿Vas para casa? – me preguntó.
- Claro, pero no he traído coche, pensaba coger un taxi, ¿quieres que te acerque a algún lado?
- Si no te importa.
Me extraño mucho que Ana insistiera tanto en acompañarme, al fin y al cabo no es que nos conociéramos de mucho, ella era amiga de Helena desde la época de la universidad y después habían montado una pequeña empresa de publicidad y la verdad su relación conmigo se limitaba a los días que habíamos coincidido durante el tiempo que Helena y yo estuvimos juntos, pero bueno, tampoco me importaba y de hecho mantener una conversación intrascendente me podría venir bien.
En cuanto nos montamos en el taxi y le dijimos al taxista la dirección de la casa de Ana, ella me abordó.
- Perdona que me haya auto-invitado pero tenía que hablar contigo.
- Tu dirás.
- ¿Hace mucho que no veías a Helena?
- La verdad es que en estos dos últimos meses no me he prodigado mucho por ahí, pero creo que hablé con ella hace un par de semanas, ¿porqué lo preguntas?.
- Lleva un tiempo un poco extraña, desde el año pasado su mundo se está limitando cada vez mas al trabajo y la casa, al principio lo entendí como algo normal, al fin y al cabo vuestra ruptura era lógico que la pasase factura, pero vosotros tres seguíais quedando de vez en cuando, pero últimamente, cuando hablo con ella para hacer algo fuera del trabajo, nunca parece tener ganas o me pone excusas de lo mas peregrino, hoy mismo me ha costado un triunfo conseguir que no se fuese directamente a casa después el trabajo.
- No has pensado que, a lo mejor, tiene otras amistades y que no quiere mezclarlas contigo – conteste de forma un poco brusca-, perdóname, no es quiera ofenderte, pero comprende que en ocasiones tu forma de ser no gusta a todo el mundo.
- No te creas, ya lo pensé, de hecho al principio estaba segura de que era así y por eso no he dicho nada a nadie, pero cada vez me estoy dando cuenta de que no es eso, la Helena que tu y yo conocemos era una fanática del cine, de hecho no dejaba pasar un estreno de una película interesante sin ir a verla en los primeros días y lo mismo digo del teatro, pues bueno te invito a que intentes hablar con ella de alguna película o obra de teatro de las que se han estrenado en los últimos seis meses, no ha visto ninguna, comenta con ella algo sobre alguna exposición reciente, tampoco, ni ha ido a ningún concierto.
Eso si que me dejó totalmente en blanco, Ana tenía razón, de hecho la obsesión de Helena por estar a la última en todo lo que a actividad cultural sonase nos había ocasionado mas de una discusión, siempre había que ir a ver esa nueva exposición, aunque la anterior muestra de ese pintor nos hubiese defraudado a los dos, había que ver toda película nueva que se estrenase y tuviese algún nombre conocido o una critica cuando menos mediocre, con ella era imposible quedarse en casa dos días seguidos. No era posible que la Helena que yo conocía llevase seis meses sin ir a ninguna de esas cosas, me hubiera creído mas que me dijesen que llevaba seis meses sin comer ni beber, que lo otro.
- Vamos a ver, - le conteste-, eso que dices no puede ser, tienes que estar equivocada, a lo mejor es que lo que ya no le apetece es comentar nada sobre todas esas cosas - algo por otro lado muy difícil conociendo a Helena-, desde que conozco a Helena siempre la he visto pensando en cual era la próxima película que iba a ver, que obra de teatro estrenaban, donde había una exposición interesante, etc.
- Por eso te digo que algo la pasa.
Estábamos llegando ya a su casa por lo que terminé la conversación quedando con ella en llamarnos después de comer para continuar hablando.
Después de dejar a Ana no pude quitarme de la cabeza lo que me había contado, las ideas se me juntaban con lo que “mi hacker” había dicho de mí, ¿es posible que estuviésemos cambiando tanto?, no puede ser, tanto Helena como yo, ya habíamos pasado los 30 años, nuestra cabeza estaba perfectamente amueblada y éramos felices tal y como vivíamos, ¿o no?

(Continuará......)

lunes, 9 de marzo de 2009

El puente (3ª parte)

Cuando llegué a casa tuve que hacer un esfuerzo por no ponerme al instante con el proyecto del puente, algo que tenía que agradecerle a mi misterioso inquisidor, había conseguido que volviese a tomarme mi trabajo con un interés que últimamente parecía haber perdido, quizás no estuviese tan descaminado en sus criticas, pero no, no podía caer en su trampa, yo seguía siendo el mismo, mis estructuras se parecían entre sí por que era lógico, yo siempre soy el mismo.

Decidí tomarme el resto de la tarde libre, al fin y al cabo el puente ya estaba casi terminado, solo faltaba darle los últimos retoques y tenía todo el fin de semana por delante.

Llamé a Carlos a su trabajo y quedé con él para cenar e ir luego a dar una vuelta, al principio parecía un poco sorprendido al saber que estaba en casa, últimamente había estado un poco insoportable con el proyecto del puente, pero al final pareció incluso contento al saber que había decidido aparcarlo por lo que quedaba de día, no le comente nada sobre mi misterioso hacker.

El resto de la tarde decidí pasarlo leyendo un rato, cogí de la biblioteca uno de los últimos Best Sellers que había comprado, - normalmente para comprar los libros me suelo guiar de mi instinto pero cuando tengo que pasar un rato en algún aeropuerto suelo visitar las tiendas y rara es la vez que no compro alguno de los libros mas vendidos, no suelo leerlos por lo que lo habitual es que al final se lo regale a algún familiar o amigo por su cumpleaños-, la lectura siempre me había servido para no pensar en nada y esta vez no fue menos.


Cuando me quise dar cuenta casi se me había hecho tarde, me di una ducha rápida y salí casi corriendo para no llegar tarde, por suerte el restaurante donde había quedado con Carlos estaba cerca de casa, era un restaurante que habían abierto hace pocos meses en el barrio del que habían hablado muy bien un par de vecinos y al que llevaba varios fines de semana intentando ir, pero al final, por un motivo u otro, siempre lo iba aplazando.

La cena pasó sin mas novedad, preguntas típicas por el trabajo y cosas así y algún comentario sobre el restaurante, la verdad es que lo que me habían contado hacía justicia con el sitio, el ambiente era tranquilo, la comida buena sin exageraciones, el trato de los camareros era familiar pero sin resultar cargante y el precio no era demasiado caro, por ponerle alguna pega quizás la decoración era excesivamente minimalista, nunca he compartido el gusto por esos lugares que parecen a medio construir, con las vigas y la ventilación vistas, pero bueno, en general el sitio era recomendable.

Después de cenar fuimos a tomar una copa a Zaston, la verdad es que después de una cena en un sitio nuevo no hay nada mejor que tomar las copas en un lugar donde te conozcan tanto que no tengas ni que pedir, según te ve el camarero, en este caso camarera, ya te esta sirviendo tu Brugal con limón y unas hojas de hierbabuena y siempre te puedes encontrar con algunos conocidos con lo que pasar el rato.

Cuando llevábamos media hora mas o menos y empezábamos a pensar que al final la noche se iba a estropear, aparecieron por allí Ana y Helena, Helena, Carlos y yo somos amigos desde la infancia, de hecho nos criamos en el mismo bloque de la periferia de Madrid, y Helena yo tuvimos una historia hacía ya casi un año pero al final acabó igual que había empezado y por suerte conservamos la amistad.

La noche no estuvo mal, de hecho consiguió que me olvidase del puente, del hacker y de todos los problemas que últimamente me estaban saturando

Eran casi las cinco cuando decidí que ya era hora de volver para casa.

(Continuara...)

viernes, 27 de febrero de 2009

El puente (2ª parte)


El mensaje apareció en mi pantalla y fué como un mazazo sobre mi cabeza

- Además, que te importa a tí quién soy, lo importante no es quién soy yo, lo importante es quién eres tú, que has hecho con la persona que trabajaba aquí. - Esto ya sobrepasaba mi capacidad de aguante, no solo se permitía retocar mi trabajo sino que me atacaba directamente, en un arranque de furia corté la comunicación y saliendo de mi despacho recorrí toda la sala intentando averiguar quién estaba atacándome, porque eso erá lo que estaba haciendo, esto era un ataque en toda regla, y no pensaba dejarlo pasar sin consecuencias para el que lo estuviera haciendo.

Recorrí toda la sala haciendo como que estaba paseando y no conseguí dar con el hacker, porqué eso era el que me estaba modificando el diseño, un pirata en toda regla.

Para tranquilizarme fuí a la máquina de cafe, charlé un rato sobre el tiempo y otras cosas vanas con dos compañeros que estaban por allí, cogí una infusión y me volví para mi despacho dispuesto a seguir con mi trabajo.

No llevaba ni quince minutos en mi mesa cuando de nuevo volvió a aperecer el indicador de un mensaje. Lo abrí de forma automática y de nuevo.

- Hasta en eso has cambiado, que ha sido de ese que decía que las infusiones eran cosa de blandos, ese que decía que para tomarse un té era preferible no tomar nada. - El mensaje fué como un directo al estómago.

- Dejamé en paz, si no tienes nada que hacer vete a casa, tomaté el resto del día libre, pero dejamé en paz, llevo demasiado tiempo con este proyecto y quiero terminarlo. - escribí casi gritando.

- Ese es parte del problema, antes hubieras resuelto este puente en menos de un mes y ahora llevas con él cuatro meses y la solución que das es convencional, ¿donde está el ingeniero que todos conocimos?.

Estaba claro, fuese quién fuese no pensaba dejarme en paz, tenía dos opciones, dedicar todo el día a intentar convencerle o irme a casa para intentar trabajar en remoto y acabar el trabajo allí.

Recogí mis cosas, conecte el ordenador de mi despacho de forma que me permitiera entrar en remoto desde mi casa y comente en recepción que no me encotraba bien y me iba para casa, que si alguien llamaba preguntando por mí por algo urgente me pasasen la llamada al móvil o me mandasen un mensaje al ordenador de casa.

(Continuara ....)

miércoles, 25 de febrero de 2009

El puente


Acababa de terminar el diseño del puente cuando de pronto caí en la cuenta, el pilar central no era circular, tenía forma de elipse, extrañado (yo siempre diseño los pilares circulares) me dirigí presto a cambiarlo en el programa de diseño y en cuanto terminé de hacerlo volvió a cambiar, esta vez tomó forma octogonal, no podía creérmelo, ¿quien estaba modificando mi diseño?.
De pronto en la pantalla se encendió el indicador de que algún compañero que estaba trabajando en el mismo proyecto quería comentarme algo.
Abrí la ventana del correo interno esperando encontrarme un mensaje del que estaba modificando el diseño explicándome los motivos del cambio y de pronto:

- Que aburrido que eres, todos tus puentes se parecen. -El mensaje parpadeaba en mi pantalla.

- ¿Quién eres?.- Contesté mientras me levantaba de la mesa y miraba por encima de los muebles intentando ver quién era el que estaba modificando mi diseño y ahora me criticaba tan abiertamente.

- Eso no importa, lo cierto es que ya te pareces muy poco a aquel que eras hace tiempo, tus estructuras brillaban con luz propia, eran únicas, nada que ver con las de ahora, todas iguales, parece que te has cansado de ser tu mismo.

El mensaje parecía sacado de mi propia cabeza, hace ya tiempo que estaba pensando lo mismo, me había convertido en predecible, nada que ver con el joven que maravilló a toda la universidad con el proyecto de fin de carrera.
Pero eso ahora no era lo importante, me intrigaba quién era el que se había atrevido a colarse en mi proyecto, quién estaba modificando a su antojo el proyecto del puente en el que llevaba trabajando 4 meses, y mientras pensaba esto alguien estaba cambiando la forma del tablero.

- Deja ya de tocar mi diseño, ¿Quien eres tú?, ¿Da la cara?, ¿Como te atreves a criticarme?. - escribi en un arranque de furia,- Como te coja te vas a enterar, si tienes algo que decirme atrévete a venir aquí y decirmelo a la cara.

- Ya estoy aqui.

(Continuara ....)
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